Si hablamos de sencillez, nostalgia, pasión por lo antiguo, herencia y conservación, si hablamos en definitiva de tradición no podemos dejar pasar por alto, ni dejar de conocer los misterios que esta casa ofrece tanto por dentro como por fuera.

Me atrevería a decir que en todo Ibias no hay una que guarde tantos tesoros pero ya sabéis, hay que ser prudente ya que en el rinconcito más monótono puede haber escondida alguna que estimule los cinco sentidos.
Ibias en sí es un gran tesoro que guarda pequeñas joyitas como esta gran casa situada en la aldea de Villaoril, custodiada por una familia, la del Roxo empeñada en mantener hasta nuestros días el patrimonio heredado.

Su robusta fachada de piedra ya te hace fantasear con su interior. Contemplándola por fuera ya anticipas lo impresionante que va a ser su interior. Si hablamos de historia ya os imaginareis que a esta casa no le faltan mil y una que contar, sus entrañas han hospedado a grandes personalidades de la época que sucumbidos por la belleza de la misma no podían resistirse a pasar la noche en ella.

Su escudo fecha la construcción de esta casa en el año 1746 aunque los dueños tienen constancia que estaba en pié al menos 100 años antes. Pertenece y siempre ha pertenecido a la misma familia: -los Sal de Rellán- que desde tiempos inmemorables la han venido habitando. En la actualidad cuenta con los mejores moradores que puede tener una casa de este estilo, personas que apuestan por ella y que lejos de modernizarla y ponerla actual se afanan en restaurarla y no dejarla caer en el olvido.

Imaginaos cuanto tiempo, dinero y trabajo cuesta mantener una vivienda de tal envergadura. Pocas veces se hacen las cosas bien en Ibias pero cuando se hacen hay que reconocerlas, por eso felicito desde aquí a su actual propietario Manuel del Rio por tener tanto cariño a la casa que le vio nacer y crecer.
Entrar en ella es como retroceder en el tiempo y comenzar a vivir en el Medievo recorriendo callejones empedrados, comedores embrujados, bodegas lúgubres, solanas entabladas que crujen con el paso de los pasos y que hacen sentir por un momento el sudor frío del miedo en la frente.

Mayor mención merece la espectacular cocina vieja que alberga la morada y que durante muchos años, ha servido para dar calor a la familia y a muchos de los vecinos de Villaoril que tuvieron la suerte de calentarse en ella. La conocéis de sobra, la gran María y muchísimos de los blogueros la han publicado ya, yo he caído en la tentación y hoy también lo hago:



¿Qué os parece si nos damos un paseíto por la habitaciones? Abrir los ojos y contemplar el mimo y gusto con el que la familia del Roxo cuida todos y cada uno de los detalles. Una de ellas es la de María del Roxo ... pero ¿Cuál? jajaja.








¿Queréis ver más? ¿Seguimos con el recorrido? Os voy a enseñar tres lugares de la casa que a mí especialmente me encantaron:
El primero de ellos no es otro que el corredor, lleno de encanto y plantas que le dan vida. De primeras, no estaba cerrado pero Manuel del Rio decidió hacer con sus propias manos un cerrado en madera que significa a mí entender un gran acierto:



El segundo de ellos es el que yo denomino " el lugar del pan", una sala específica que guarda no uno si no dos fornos de pan y que alberga todo el instrumental para hacerlo. Una verdadera joyita digna de un museo:



Por último una impresionante solana que cuenta con escritorio propio y que era el lugar donde se albergaban a los huéspedes. Es impresionante tanto la belleza como el grado de conservación que tiene pese al paso del tiempo y una verdadera maravilla que haya llegado así hasta nuestros días:


Concluyendo ya el reportaje, os voy a enseñar un poquito la parte inferior de la casa dedicada actualmente al almacenaje de productos pero que como el resto de partes de la vivienda no tiene ningún desperdicio:

Tras esa puerta hay una bajada por peldaños de madera que da acceso a la parte baja de la morada, si andamos un poquito nos encontramos con otra de las cocinas con las que cuenta:

y ahora os voy a enseñar una verdadera reliquia: "
a maseira de pelar os gochos", a mi me impresionó por eso del tamaño, a vosotros no sé pero dudo que hayáis visto alguna vez semejante mastodonte:


Por último la bodega, fijaos en lo impresionantemente ordenada y cuidada que está, es un verdadero gusto para la vista poder abrir la puerta y ver las cosas tan bien organizadas:

Esto ha sido todo amigos, se me han quedado mil cosas en el tintero pero como siempre, he intentado reflejar lo más importante de esta impresionante casa. Me gustaría que disfrutarais viendo las fotos tanto como lo hice yo cuando una mañana de agosto, las puertas de la casa del Roxo se abrieron para mí y pude contemplar maravillado y con algo de envidia sana, la belleza que se escondía tras esas robustas paredes de piedra.