martes, 19 de octubre de 2010

Cuenta la leyenda en Ibias...


No hay mejor tesoro en la mente de una persona mayor que todas esas historietas y leyendas que hacen que tu concentración sea máxima a la par que despiertan en ti el típico miedo que les hace cobrar vida propia. No hay pueblo que no se precie que no guarde una calle maldita, algún río embrujado o un bosque donde desde hace cientos de años habite lo fantástico.

En Ibias no nos falta "cuento" y como es de esperar en este tipo de lugares, las historias multiplican a lo largo de la geografía. Todas y cada una de ellas especiales, únicas y con garra, esa garra que permite recordarlas de año en año manteniendo siempre vivo el espíritu de las mismas.

Cada día de la semana iré contando una ¿Tendrás valor a leerlas?



EL DIABLO EN LA NOCHE OSCURA

El siguiente protagonista de nuestra historia no es otro que un humilde señor que sobrevivía en la Ibias atrasada de antaño. Como tantos otros, haciendo gala de un gran valor, no le quedaba más remedio que andar por las noches por caminos que darían miedo al más valiente.

Al pasar por " A pousa dos difuntos" apareció ante sus ojos un extraño bulto luminoso agachado bajo un castaño. El hombre, pasivo y perplejo, siguió andando como si esa visión tan solo fuera fruto de su imaginación, entonces, el bulto empezó a correr hasta parar en una vieja "curripa" que había al otro lado del camino.


Alucinado y algo confuso preguntó con voz temblorosa:

¿Quién eres?

No hubo respuesta, tan solo el silencio y el ruido del bosque amedrentaron si cabe más, los nervios del hombre, que pensando que podría tratarse de una broma, con paso firme se encaró a la curripa para dar su merecido al gracioso.

Sal, muéstrate gracioso, que no te van a quedar ganas de volver a reírte de nadie.

Sorprendido se quedó el señor cuando al entrar en la curripa no había nadie. Giró la cabeza una y otra vez pero nada, estaba solo.

Con un grito, volvió a desafiar a la criatura: muéstrate, no te tengo miedo...

De repente y como salido de la nada "alguien" le aprieta fuertemente en el hombro. Fruto más del miedo que del dolor, el hombre se desmaya y permanece en el suelo más de media hora.

Aturdido, el hombre corre despavorido a su casa. Cuenta la leyenda que allá donde le tocó esta extraña criatura, le salió una mata de pelo en forma de mano.


4 comentarios:

Pablo dijo...

Interesante historia/leyenda ésta. En estos sitios como Ibias junto con la etnografía propia y muy característica del concejo se suelen desarrollar tradicciones específicas y como no, mitología de la casa. Muchas son las leyendas pero yo recuerdo con especial entusiasmo aquellas que me contaba de pequeño mi abuela a la hora de ir a dormir y en las cuales te involucrabas como nunca...

Ahora todo son preocupaciones..

Ángel Fernández dijo...

¿De verdad? ¡cuéntanos alguna!


Animaros, contar todas las que sepáis, cuantas más mejor.

MARIA I. dijo...

Yo recuerdo que nos juntabamos los nietos para que el abuelo nos contara historias de miedo y del trasgo... que miedo pasabamos! saludos Angel

Pablo dijo...

Jejeje pues bueno vamos a rememorar viejos tiempos...

Me acuerdo de una de una forma muy especial, tiene lugar en el monte de Gillón (C.N). Allí entre tantas fuentes hay una llamada la de "Las tres Marías" muy frecuentada por caballerías desde antaño, pues "dicen" que cuando un pelo de la crin de los caballos caía y se depositaba en la fuente durante un periodo de tiempo determinado éste empezaba a desarrollar progresivamente la anatomía de una culebra, me acuerdo especialmente del momento en el que decían:"se le veía primero la cabeza y poco a poco se iba desarrollando hacia la cola".

La siguiente, no es propiamente una leyenda pero sí que es una historia real que tiene mucho de enigmático. Más arriba de Gillón, en la misma parroquia había antes (hablamos de más de un siglo o siglos atrás) un pueblo llamado Gilloncín, el pueblo era pequeño y ante todo se caracterizaba por estar en las faldas del pico Caniechas (1924m) además tenían fama de llevarse muy mal con los vecinos de Gillón, ante ello para ir a misa no iban a la capital parroquial sino que bajaban hasta Noceda de Rengos (unos cuantos kilómetros más). El caso es que un buen día, debido a la gran acumulación de hielo y nieve en el pico y la sierra se desprendió una parte provocando una avalancha que se llevó por delante el pueblo y todos sus vecinos. Progresivamente, los terrenos del pueblo pasaron a formar parte de Gillón descubriéndose a día de hoy por numerosos prados utillaje o pequeños objetos como cucharas.

Desde el punto profesional y personal pienso que el suceso tuvo que ver con la famosa pequeña edad de hielo (S.XVII- XVIII) por la cual el planeta se enfrió provocando nevadas mucho mayores y persistentes. Por lo tanto igual si tuviese relación con ello, podríamos situar el suceso, cosa que a día de hoy no sabe nadie.