domingo, 18 de diciembre de 2011

En Busante habita el olvido

Lo malo que tienen los pueblos que yacen al lado de una carretera es que uno pasa y pasa por ella y jamás se detiene a verlos. Te conoces el nombre, sabes situarlo perfectamente gracias a la memoria fotográfica pero jamás pones pie en él para recorrelo y disfrutarlo.


Eso es precisamente lo que me pasaba a mí con Busante, hasta que este verano decidí conocerlo a fondo y disfrutar de su encanto. Aparqué el coche en la entrada del pueblo y empecé a subir esa cuesta que me hacía fabular cómo sería realmente el pueblín que veía de lejos desde la carretera. 

El pueblo se sitúa a unos 850 metros de altitud en la empinada ladera oriental del Teso del Lago (de 1.096m), una de las cimas de la sierra de Borde. Sus caminos encementados, la abundancia de piedra junto con el verdor de sus praos lo hacen especial. En Busante parece haberse detenido el tiempo, sus habitantes renunciaron a la fea modernidad y conservaron de manera más que notable su antiguo patrimonio. 


Una señora octogenaria me recibe con mirada desconfiada a la entrada el pueblo, me pregunta de donde soy,  charlamos un rato y acaba invitándome a café en su casa. Me cuenta que lleva toda su vida en este pueblo, que no sabe leer ni escribir, pero tampoco lo necesita, pues se defendió en la vida igual que el mejor catedrático. Le saco el tema de la gente, me dice que hay poca, que muchos marcharon orgullosos para la ciudad pero que volverán con la cabeza agachada. 

Cabizbajo por la impresionante fortaleza de la señora y el sentimiento que me produjo su entereza, arranco pensativo por el camino y empiezo a descubrir impresionantes maravillas que tan solo una persona de pueblo podría valorar.


De frente me topo con un caserón antiguo cuyos resistentes muros de piedra parecen haber ganado la batalla al abandono y al paso del tiempo. La piedra es la seña de identidad de este maravilloso pueblo. Ya sea en la entrada o en el medio del lugar, todo está hecho con esfuerzo, sudor y piedra a piedra. 

La siguiente cita la tengo con los escudos, pues cuatro son las casas portadoras de blasones, de las cuales tres de ellas llevan escrito el apellido: URÍA. 


Este que vemos pertenece a Casa Mingucho, difícil de ver si no sabes bien donde está posicionado pero fácil de localizar a la vez, pues esta casa es portadora de una talla en el hórreo, engalanado con un tetrasquel.  

Tan solo unos metros me separan del siguiente, resplandoroso y llamativo en lo alto de una casa, la de Domingo, afeada por el moderno cemento pero bonita en su conjunto. Uno se detiene dos minutos a contemplarlos y se da cuenta que no está en un pueblo cualquiera. Busante tuvo que tener un pasado glorioso y eso se demuestra no solo en los blasones del lugar, si no en la abundancia de hórreos y paneras, el detalle de los troquelados de la madera o la trabajada piedra que muestran sus casas.


Este último aspecto merece reseña, pues he recorrido pueblos y he visto muchas piedras por el camino, pero ninguna tan trabajada como la de Busante. Es una verdadera delicia contemplar la vida que aún muestran estas casas a pasar del abandono que sufren muchas de ellas.


Me encuentro en el medio del lugar, mi mirada se centra durante unos instantes en la impresionante bajada de Porreo aunque pronto se desvía a contemplar el majestuoso corredor de esta casa abandonada. El color gris de su madera refleja el paso del tiempo que junto con el oxido de sus cerraduras y la maleza que la rodea produce en mi un sentimiento de pena. Qué precio tan alto hemos tenido que pagar por vivir en un sitio geográficamente asilado con respecto a la capital del Principado de Asturias. 



La Capilla de la Santa Cruz de Busante es, sin lugar a dudas, un espacio lleno de misterio. Con estructura rectangular y tejado a dos aguas, el elemento más reseñable es su espadaña triangular. Hace décadas que en esta capilla dejaron de repicar las campanas aunque en su interior aún guarda el silencio de un lugar sagrado. Conserva un retablo con algún crucifijo aunque La Santa Cruz desapareció hace años. Ojalá aparezca como lo hizo San Roque en Buso este año.


El camino se me acaba en Casa da Cancela donde escondido sobre una portada llama ni atención otro blasón que porta cinceladas las armas solariegas de los Lago. Gerardo Lago, actual propietario de esta casa afirma orgulloso que era la única casa del pueblo que "ostentaba el privilegio de no dar soldados al rey"



El retorno al coche queda marcado por el pensamiento de tristeza al ver que el trabajo centenario de nuestros antepasados languidece año a año en el más absoluto olvido. Intento cruzarme y hablar con alguien, pero no lo consigo, apenas cuatro personas mayores ostentan el título de guardines de la cultura milenaria de Busante. La nueva vida marcada por la maleza y vegetación amenazan a la poca que ya queda en el lugar y hacen presagiar que en un futuro no lejano contemplaremos las ruinas de Busante. Mientras tanto nosotros valorando como buena vida nuestro penoso modo de vivir en las ciudades y despreciando por arcaico el esfuerzo y dedicación de nuestras antiguas generaciones. Arranco dirección La Sierra sintiendo vergüenza de la contribución que todos nosotros hemos hecho al olvido de nuestra tierra.

11 comentarios:

Manolo dijo...

Buen trabajo lo del pueblo de Busante alli fueron a casarse 2 tias abuelas mias a casa Concela y casa Menguchon felices fiestas Angel y gracias por los trabajos de los pueblos que haces.

Anónimo dijo...

La casa blanca con escudo es la casa de Domingo, la del Casón es la siguiente foto, la columna de piedra.
Una gran entrada, aunque me ha dejado un poco deprimida.. Busante está abocado a desaparecer.
Un saludo.

Ángel Fernández dijo...

Muchísimas gracias por hacerme saber el error, ya está corregido.

Depresión tenemos que tener todos, pues no es solo Busante el que está al borde de la desaparición, la mayoría de los pueblos de Ibias siguen el patrón del protagonista de esta historia. ¡Una verdadera pena!

Anónimo dijo...

Hay más de 4 habitantes en Busante, que yo sepa viviendo siempre hay 12 personas mínimo.

José Antonio Fontal Álvarez dijo...

Me encanta el artículo y el enfoque, enhorabuena, un cordial saludo.

El chapras dijo...

Te dejaste un escudo en el tintero,el de Casa del Cason,quiza el mas antiguo,segun bajaste por la cuesta(caella),a mano izquierda,antes de llegar a la columna que fotografiaste,detras de una higuera(como se canso de repetir la Marquesa En el bloc de Maria)esta el escudo,pero bueno al no saberlo es normal que se te pasara por alto, un dia de estos cortare la higuera,aunque por otro lado sirve para protejerlo de las manos de algun desaprensivo.Por lo demas quiza sea uno de los pueblos mejor conserbados del concejo,y con una gente estupenda,seguro que te dieron mas de un cafe.

Ángel Fernández dijo...

Tienes razón Chapras, no lo vi, lo tenéis bien escondido, jejeje. Me dieron un café pero como todo en Ibias, !taba muy bon!

Muchísimas gracias por los comentarios que realizáis, da gusto escribir sobre Ibias y tener tan buena acogida.

Por cierto, un diario de noticias Asturiano enlaza este reportaje: http://paper.li/ElGuisanteVerde#!art-entertainment

Saludos

Anónimo dijo...

¡Buen trabajo Ángel! Gracias por enseñarnos a ver cosas que estamos tan acostumbrados a ver que a veces no les damos la importancia que tienen.

Pablo dijo...

muy bonito y muy profesional el artículo, has transmitido y por lo tanto me has dado que pensar.

El pueblo tiene muy buenas pintas.


Un saludo.

Anónimo dijo...

Muy bueno el artículo, ya que tengo familia allí, esperaba ansioso este documento.
Me gusta mucho como está el pueblo, sus casas, su gente......
comentarte que no se encuentra en el olido, allí hay viviendo continuamente unas 5 familias, y en la casa que menos gente hay son dos personas, en el resto, 3, 4 y hasta 5.
Una vez más gracias. Por ciento, por que casa te invitaron al café? jajaja.
Ahora se juntan todos los del pueblo para pasear por las tardes, así no se les hace tan largo y aburrido el día.

eL chapras dijo...

FELICES NAVIDADES A TODOS Y PROSPERO AÑO NUEVO.